La explotación minera de fondos oceánicos será pronto una realidad. Sus impactos ambientales están siendo intensamente evaluados por instituciones académicas y agencias internacionales, mientras la ingeniería avanza lo suficiente para colocarla como opción viable y rentable, en muchos casos, superior a la minería en tierra. Crece la escasez de minerales metálicos y no metálicos en yacimientos terrestres accesibles y de costo aceptable, mientras el reciclaje es insuficiente y la demanda aumenta exponencialmente por la industria electrónica y la fabricación de baterías para vehículos eléctricos. Níquel, cobalto, tungsteno, platino, rodio, manganeso y otros metales son indispensables para nuevas tecnologías electrónicas, y el fósforo es insumo vital para la manufactura de fertilizantes esenciales en la agricultura. El impacto ambiental de actividades mineras en tierra llega a ser devastador en cuanto a ecosistemas y paisajes, deforestación, y contaminación de aguas, suelos y atmósfera.